Luz y Tinta. La revista de Moldeando la luz

 

 

Parece ser que últimamente se ha puesto de moda hablar sobre la necesidad de comentar o dejar críticas acerca del trabajo fotográfico que se publica en Moldeando la Luz. Sinceramente el tema es bastante interesante por si mismo como para ser motivo de un gran debate global. Por mi parte tengo asumido lo que esto significa y aporta. No me gusta la palabra "críticar" ya que digan lo que digan es una palabra que encierra conceptos como censurar, desaprobar, reprobar, vituperar, juzgar, examinar, considerar, analizar, evaluar, enjuiciar (http://www.elpais.com/diccionarios/sinonimos-antonimos/criticar). Además las críticas siempre van acompañadas de intereses personales, partidistas o institucionales.  En consecuencia prefiero comentar y no criticar ya que la primera palabra encierra mejores significados y establece un mejor feedback comunicativo.

 

No cabe duda de que la comunicación es la base del intercambio, del aprendizaje y de la transmisión de ideas y conclusiones, así como el mecanismo, por excelencia, que genera los lazos de la amistad, el conocimiento y el comportamiento humano. Alguien que no se comunica es un ser egoísta, cerrado, aislado del mundo al que pertenece pero también es un ente mal educado, poco cortés, cuya empatía hacia los demás dista años luz.

 

Cuando fui seleccionado como Fotógrafo Destacado del mes de mayo 2011 dejé muy claro en la entrevista que unas de las ventajas de Moldeando la Luz era que permitía compartir los trabajos fotográficos entre sus miembros. Esta actividad implica también saber opinar, comentar, no criticar, es decir, dejar constancia escrita, aunque pequeña, en el espacio gráfico que visitas de tus compañeros; no hacerlo y solo publicar lo propio me parece una actitud poco correcta. Pienso que esa huella que dejas debe ser siempre motivante, alejada de componentes negativos.

 

Está claro que por falta de tiempo no podemos ver todo aquello que se publica, ni opinar sobre todo lo que ves; cada persona tiene su forma de ser pero su tiempo es personal y en la vida los frentes son diversos y muy exigentes y como es lógico no podemos estar en todas partes ni cumplir en todos lados. Por tanto hay que respetar que cada cual opine lo que pueda y crea oportuno.

 

Personalmente suelo comentar las imágenes que más me gustan en el apartado de destacadas y recién publicadas en la página principal, de tener más tiempo comentaría más allá de eso y reconozco que a veces olvido escribir a ciertos buenos contactos que merecen mayor atención. El tiempo, hoy en día, es un fragmento dinámico que se contrae en exceso dejando poco espacio para la dilatación del mismo ya que todos tenemos demasiadas cosas que cubrir y vivimos inmersos en un constante y agotador ajetreo sin límites.

 

Comentar las fotos ajenas tampoco es una decisión fácil ya que a veces los trabajos que ves no te gustan aunque no por ello dejen de ser buenos; por tanto resulta complejo dejar testimonio de admiración cuando no sientes nada sobre lo que ves. A veces ser demasiado sincero, si no se dice con elegancia, puede también ofender o desmotivar al autor de la obra. No es nada fácil delimitar la línea que existe entre lo que despierta admiración, rechazo o indiferencia, así como aquello que no es valorable o precisa corrección o motivación extra. Creo que la opinión sobre arte es siempre subjetiva. Muchos argumentan que las críticas deben basarse en la construcción o en los criterios cognitivos o técnicos pero para mí el arte está al margen de todo eso. ¿Qué ciencia se atreve a criticar las pinturas rupestres de la era prehistórica cuando en realidad sus artistas nunca pisaron una escuela y simplemente quisieron expresar ciertas fases de su vida con sus trazos naturales? ¿Quiénes somos todos nosotros para criticar o enjuiciar el trabajo de otros? Tenemos las claves de la vida? ¿El secreto de las artes? ¿La resolución de los enigmas? Somos tan perfectos que disponemos del control total de las cosas, de lo que es bello o feo, de lo que es bueno o malo? No somos nada, somos simples mortales que aprenden y erran y que desgraciadamente siempre opinan sobre los demás, por tanto, nadie puede hacer critica de otro, porque esa actitud es una prepotencia que ha causado demasiados desastres e injusticias en la civilización, y el arte ha sido una de sus víctimas.

 

El arte debe fluir como algo libre y natural y sólo el artista tiene el derecho de juzgar lo que hace, los demás solo pueden deleitarse mediante la contemplación o rechazo del mismo. Puede gustarte o no, puedes opinar o comentar lo que ves, pero eso a criticar dista infinitos. A mi no me gustan los pies de cerdo pero eso no implica que no sean nutritivos y buenos y que a otros les flipe su sabor. Los humanos somos entes que tienen tendencia a juzgar el trabajo de otros pero cada persona ve el mundo no como es sino como es ella pero es que además dos personas pueden ver el mismo evento con diferentes ojos. Como bien dijo el escritor y político rumano Valeriu Butulescu “los críticos ven la música y oyen la pintura”.

 

No cabe duda de que a todo el mundo le gusta que le piropeen su trabajo, que le halaguen por sus aportaciones, es lógico, pero no siempre es así. Esa falta de empatía y educación es también una tendencia general en la sociedad que vivimos; la correspondencia mutua es una virtud que suele brillar por su ausencia, un hecho que vemos todos los días en el trabajo, en los supuestos amigos, en la misma familia, en la política, en el deporte y en la gran mayoría de las parcelas donde se desenvuelve el ser humano. El capitalismo neoliberal conduce al individualismo crónico.

 

En Moldeando la Luz he leído comentarios donde alguien, cuyos trabajos son mediocres, da consejos sobre fotografías ajenas o incluso quien se ha atrevido a hacer juicios morales sobre determinada foto por contener un desnudo sugestivo pero artístico. Me parece bien cierta corrección o sugerencia que permita mejorar una imagen que a veces, por un descuido, alguien puede omitir sin darse cuenta. Yo mismo en un par o tres de ocasiones he dado algún consejo o corrección a cierto trabajo ajeno, simplemente porque mediante esta simple observación su fotografía mejoraba ostensiblemente; era simple cuestión técnica.

 

Todos hemos nacido ignorantes y a medida que hemos ido relacionándonos con los demás hemos ido creciendo como personas, aficionados y profesionales; el intercambio honesto y motivador permite ese juego. Pienso que si algo no te gusta o no se acomoda a tu decoración moral o gustativa es mejor callarse y pasar de largo, el respeto empieza en dar libertad al otro para que siga andando. Sobre la crítica parto de la base que uno debe aprender a ser crítico consigo mismo y darse cuenta de que al contrastar el propio trabajo con el ajeno debe autovalorar si sus trabajos son buenos, mediocres, malos o pueden mejorar. Buscar la aprobación ajena es síntoma de debilidad porque los juicios externos están bajo condicionantes subjetivos. Creo por tanto que no es fácil ser ecuánime con la crítica aunque tengamos en cuenta el uso del análisis aparentemente objetivo, pero si caemos en la tentación de opinar lo ajeno, debemos hacerlo honestamente, sin dañar, reconociendo siempre el esfuerzo y el trabajo que el otro ha realizado pero ofreciendo, al mismo tiempo, esa motivación extra que ayude, si el trabajo lo requiere, a mejorar lo presente, sin olvidar nunca que aquello que no nos gusta, nada tiene que ver con aquello que es bueno, malo, mediocre o digno de ir al infierno.

 

Para concluir quería decir que, en arte, no creo en las criticas aunque si creo en la opinión que encierra conocimiento, estimulo para seguir aprendiendo, mejorar y avanzar, eso ofrece seguridad y motivación. El artista que no cree en su trabajo mejor que no empiece y muchas veces debe aprender a aislarse de la opinión ajena, casi siempre sujeta a reglas encorsetadas y subjetivas. En arte, por desgracia, todo el mundo se atreve a criticar pero el arte nace de la necesidad de uno mismo o de una cultura no como objeto de ser criticado. A lo largo de la historia la crítica ha sido muy injusta y cruel con artistas que una vez muertos se han convertido en venerados. Como dijo el escritor Jules Renard, "la crítica consiste en reprochar a los demás el no tener las cualidades que nosotros creemos tener". El arte no puede sujetarse a reglas ajenas ya que dichas reglas son relativas según quien las dicta o usa, de la cultura y tiempo al que pertenecen, de las tendencias dominantes del momento y de los intereses a quienes sirve, entre muchas cosas más. Para mi el arte es libertad, libertad total y cuando cae bajo la critica se convierte en mercancía. Sin embargo, el hecho de comentar con respeto algo, es positivo porque generan lazos y aprendizajes para ambas partes.

 

KarlFM.-

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