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En una época antediluviana el océano cobró vida y se dispuso a emerger colapsando toda naturaleza viviente y posible.Y así fué. Luego se retiró para sucumbir en sus más abisales profundidades a fin de mantener su letargo.
Sin embargo en ése movimiento lloró sobre la Tierra y tan solo derramó sus lágrimas de sal. Ellas junto a los agradecidos vientos erigieron una montaña donde nació Sekim Larsen. Sekim fue dado a luz ermitaño y se mantuvo así durante el resto de sus días.
Vivía solo en la cumbre de la montaña y poseía tan solo dos tesoros una pequeña y ovalada piedra erosionada y pulida por el mar y el otro tesoro… Que siempre lo mantuvo en secreto.
Al pie de la montaña había una aldea de agricultores, quienes todos los días de sol a sol labraban la tierra y se dedicaban a insultar y maldecir a Sekim.

Sekim hacía lo propio, pero en silencio. El odio y el deseo de venganza y muerte era recíproco.
Hubo varios intentos de los aldeanos para convertir en una hoguera el rancho de Sekim, con él adentro.
Pero como su vida transcurría en levantarse, sentarse sobre una piedra, encender un cigarro que culminaba en el número ochenta al otro amanecer con la ventaja de haberlos prendido con un solo fósforo solo observaba el mar y el devenir cotidiano de los aldeanos y ante cualquier intento de intrusión regaba la montaña para que se deslave la sal.
Una noche observó el reflejo de la Luna más distante de lo acostumbrado y en su imaginación consideró ue las aguas se retiraban.
Sin pensarlo, primando la razón sobre la emoción y sin apagar el cigarro se incorporó se muñó de dos antorchas incandescentes emprendiendo una lenta marcha cuesta abajo por la falda de la montaña.

Se acercó a la aldea. Todos dormían. Y prolijamente fue encendiendo cada techo de paja hasta llegar al último.
Giró sobre sus pasos y emprendió lentamente el camino ascendente de regreso hacia su rancho, a fin de sentarse en su piedra nuevamente, fumar y observar el mar.
Enardecidos, despertaron los habitantes de la aldea viendo como se quemaban sus casas. Y había tan solo un único responsable.
Encendieron sus antorchas y en Horda emprendieron el ascenso de la Montaña de Sal a fin de exterminar a Sekim.
Pero esta vez Sekim no abrió las canillas de agua para que se deslaven las laderas, evitando la irrumpida, sino que tan solo se quedó tranquilamente sentado en su piedra, fumando y mirando el Océano.
Una vez llegado los integrantes de la Logia Inquisidora lo golpearon y flagelaron fuertemente atándolo a un poste y poniendo leños debajo de su humanidad a fin que su cuerpo sea extinguido ante semejante crueldad cometida.

Sin embargo cuando el Líder liberado reciente de las Mazmorras inclinó su cuerpo para encender la hoguera con su antorcha, escuchó un atronador estruendo a sus espaldas. Torció su rostro y tan solo lloró temblorosamente.
Una gran ola había devastado la aldea. Ella llevo en sus entrañas, en la bajante, todo lo que había sobre la tierra.
Sekim, que jamás había hablado con persona alguna solo dijo: Tsunami.

Desde aquella noche Sekim cenó a diario con sus compañeros y amigos aldeanos hasta que murió y la Montaña de Sal se convirtió en piedra.
Pero esculpida en una hendija de las rocas podía leerse la frase:“NO HAY QUE CONFUNDIR JAMÁS EL CONOCIMIENTO SOBRE LA SABIDURÍA”. 
El primero nos sirve para Mantener la Vida; la Sabiduría, nos y les dá ayuda para vivir. 
Y el amor y la buena disposición hacia el prójimo no conoce límites ideológicos, gregarios, sectoriales, raciales ni confesionales. 
Y así Sekim reveló definitivamente el secreto de su segundo tesoro. 

Carlitros.-

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