Luz y Tinta. La revista de Moldeando la luz

 

 

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Luz y Tinta Nº 106. Noviembre 2020

 

PRESENTACIÓN

De ‘presentaciones’ y otras mudanzas

Un atento lector de Luz y Tinta, Alipio, para el que se reclama con toda razón el título honorífico de cronista oficial de la revista, en su comentario del mes anterior dice de esta Presentación: “que no sé porque se llama presentación, ya que no presenta nada, más bien, se asemeja a las editoriales, que marcan un poco el perfil o la línea del editor, analizando un poco las circunstancias del momento”. Tiene en parte razón nuestro buen amigo, pero cuando elegí el título de esta sección y preferí “Presentación” a “Editorial” lo hice consciente de que podría servirnos para un roto —presentar los contenidos o parte de los contenidos del número— y para un descosido: presentar ideas propias sobre temas de actualidad, muchas veces inevitables. Si atendemos a la definición que la Real Academia da de ‘presentación’ —“Hacer manifestación de algo...”— ambas “presentaciones” son válidas y han sido utilizadas en esta sección, quizás con mayor propensión a la idea de editorial, sobre todo en los últimos tiempos en que ruge la marabunta fuera de nuestras páginas y resulta difícil hurtarse a sus ecos.

Tras este desahogo semántico —uno no puede negar de dónde viene— recojo otro guante de Alipio. Dice que en mi cuento sobre el zafarrancho en el despacho cabe el alivio de que solo se trata de una limpieza general. Peor hubiera sido una mudanza, agrega. Claro que sí. Aunque siempre tengo muy presente aquello de san Ignacio: “En tiempos de tribulación, no hacer mudanza”, entendiendo —volvemos a la semántica— la locución adverbial ‘hacer mudanza’ como portarse con inconsecuencia.

No haremos, pues, mudanza en estos tiempos de tribulación —o de ‘desolación’, que parece fue el original ignaciano— en que suenan tantos cantos de sirena anunciando el fin del mundo, en que la política española se deshilacha por todas sus costuras y en que ni gobierno central ni comunidades autónomas ni ayuntamientos y diputaciones son capaces de ponerse de acuerdo en algo tan sencillo como afirmar que el problema es el virus y que debe enfrentársele médicamente, cosa que ya dije en la presentación del mes pasado y, aunque nunca está mal en insistir en lo obvio, tampoco se trata de repicar campanas que más confunden que informan.

Por último, y ya que estamos en la ‘presentación’ de este número 106, una nota meramente editorial. En el pasado número, en la brevísima biografía de Alfonso Camín que se anteponía a su cuento “Las ideas de Juan de Pin” se nos coló un gazapo: la fecha de nacimiento de Camín no es 1905, como poníamos, sino 1890, como oportunamente nos hizo ver Albino Suárez, el máximo conocedor y defensor del poeta. A propósito del traspié le pedimos a Albino que nos enviase una biografía de Camín, cosa que hizo oportunamente, pero a día de hoy, en que debo cerrar la revista, las fotos que también envió se han perdido en algún recoveco de Internet, por lo que deberemos esperar al número siguiente para enmendar nuestra inicial inexactitud.

Y ya, para finalizar, una nota de color: como mudanza en toda regla la que comienza en la Casa Blanca tras el controvertido descalabro electoral de Donald Trump que solo acepta los resultados de las urnas cuando le favorecen. Vae victis!

Francisco Trinidad

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Luz y Tinta Nº 105. Octubre 2020

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Presentación

Carta abierta a un político sensato

Muy señor mío:

No sé si estoy incurriendo en algún tipo de absurdo al mezclar los conceptos de ‘político’ y ‘sensato’, pues la política, vista desde fuera, parece una completa insensatez. Sí, sí, ya sé, disculpe usted, que los políticos se dejan la piel en el intento, que son incomprendidos en su lucha por el interés general y que, tópico arriba o abajo, todo su empeño gira en la noria del bienestar de sus votantes y conciudadanos. Conozco el percal, de tanto como lo oigo repetir, mañana, tarde y noche. Lo que pasa es que lo repiten tanto que uno acaba acostumbrándose a la música y se olvida de la letra. Claro que son ustedes —o la mayoría de ustedes, tampoco hay que generalizar— los que hace tiempo se han olvidado del significado de una letra que repiten como un eslogan lejano. Como aquello quizás de la “chispa de la vida” que nos largaba la Coca-Cola cuando yo era joven y que ahora ha perdido todo el sentido, porque los tiempos son otros, las necesidades son otras y otros son los caminos que aún hoy nos llevan a Roma. No sé si me entiende.

Por eso dudo de que política y sensatez vayan de la mano, aunque me concedo algún resquicio a la duda y aún creo que haya políticos sensatos. Al menos uno, al que dirijo esta carta abierta, sin más pretensión que expresarle mi perplejidad por lo que últimamente está pasando en el ámbito político español. O más concretamente, para no generalizar, que las comparaciones se dicen odiosas, en el ámbito político madrileño. Claro que como Madrid es el rompeolas de todas las Españas muchos de los disparates que allí se generan llegan en forma de resaca al resto de España.

Me explico.

Madrid está atravesando una pandemia terrible, por causa del Covid-19, por otro nombre Coronavirus. Hay contagios diarios, hospitalizaciones diarias y muertes diarias. Es un tema de salud que en mi ingenuidad creo que hay que enfocar médicamente. Ya digo, en mi ingenuidad, que tiene poco de política, pues nunca he recibido de la política otra cosa que malos tragos. O sea, por resumir, es un problema médico que hay que atacar médicamente. Pura tautología. Pues bien, y este es el meollo de mi carta, los políticos madrileños se empeñan en enredarlo todo políticamente y, en lugar de buscar soluciones médicas, se empecinan en buscar culpables políticos de una situación que se les ha ido de las manos porque no la entienden. Aparcan el problema médico, que es el problema de los ciudadanos que dicen representar y que les eligieron en su día para eso, y sacan el ábaco de contabilizar votos, engolan la voz y cargan contra el enemigo. Pero no el enemigo sanitario, esa puta pandemia que nos envenena el alma y las listas de espera de los hospitales, sino contra el enemigo político, ese que puede hacerles perder votos si los ciudadanos votantes entienden que puede aportar soluciones.

Mientras tanto el coronavirus se descojona de la risa.

Y termino mi carta. Los ciudadanos de a pie, los que no soñamos con cargos institucionales ni con reforzar nuestro sueldo con cargos que igual nos quedan anchos, solo demandamos soluciones médicas al problema médico. Que ustedes se diviertan en el Congreso y en las ruedas de prensa adyacentes buscándole tres pies al gato electoral y señalando los defectos del contrario, a nosotros simplemente nos cabrea. Bueno, y nos asquea. Que yo sepa no los elegimos en su día para que nos irriten con este circo electoraloide. Pero, aunque se hayan olvidado del por qué fueron elegidos y sé que la comodidad de sus escaños no es propicia para tal recuerdo, me gustaría insistir en que los problemas médicos se atajan desde la medicina y que la política debe ser solo un vehículo para facilitar los medios. Pura ingenuidad..

En fin, preso de esta mi ingenuidad, dirijo esta carta a algún político sensato, consciente de que, si alguno hubiere todavía y a la vista de los últimos despropósitos madrileños, seguramente habrá presentado su dimisión antes de que esta carta llegue a su poder.

Atentamente,                                                                                                                                                         

                                                                                                                                                                     Francisco Trinidad

 

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Luz y Tinta Nº 104. Septiembre 2020

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PRESENTACIÓN

Recordando los inicios

En estos casos, vía tópico, suele decirse: “y parece que fue ayer”. Y efectivamente parece que fue ayer cuando iniciamos esta gratificante aventura de Luz y TinTa. Aún recuerdo la primera conversación que tuve al respecto con Guendy: íbamos ambos en su coche, camino de “La encruciyá”, en Caso, cerca de Caleao. Es un bar donde solemos comer y charlar sin alivio; y allí certificamos el nacimiento de esta revista.

Creo recordar que era en la primavera de aquel año de 2011 y, tras varias conversaciones, y muchos apuntes, al final de aquel verano, el día 5 de septiembre de 2011 sacábamos a la luz digital el número 0. Acabo de verlo de nuevo —pura nostalgia—, con sus 30 páginas y una apuesta intrínseca que nos ha traído hasta aquí. 30 páginas, insisto, porque este número que hoy sacamos, septiembre de 2020, cierra con 356. Es curioso, pero de todos los colaboradores de aquel número solo quedamos en el intento José Luis Cuendia, “Guendy”, y yo mismo. Todos los demás, por razones diversas, han dejado de colaborar habitualmente. Me cabe la satisfacción de poder decir, bien alto y bien claro, que ninguno de los colaboradores de esta revista han sido invitados a marcharse, lo que habla a las claras de su buen hacer, y que lógicamente tienen las puertas abiertas. Que ya no estén habitualmente en nuestras páginas es comprensible: llevamos nueve años en esta singladura y cada uno tiene sus compromisos personales y su trayectoria privada y profesional que muchas veces resulta incompatible con proyectos como éste totalmente altruistas.

Otra de las grandes diferencias de aquel número con éste es su diseño. Era aquel número 0 más cerrado, centrado especialmente en el texto, que afectaba directamente al tamaño y disposición de las fotografías. Poco a poco, siguiendo sugerencias de los lectores y centrándonos en el objetivo final de la revista, se ha pasado a casi lo contrario: son las fotografías las que marcan el ritmo y disposición de las páginas, ganando con ello en pulcritud gráfica y en agilidad compositiva.

Por el medio quedan también algunos números extraordinarios, generalmente nacidos de semanas temáticas o concursos de Moldeando la luz. No me he parado a contarlos, pero son una buena muestra de la imbricación de Luz y TinTa y Moldeando, como no podía ser de otro modo. Dentro de estos números extraordinarios podríamos contar también al número 100, un esfuerzo editorial de gran calado que nos lleó casi a las 700 páginas, pero que supuso un importante encuentro con lectores y colaboradores.

Para finalizar este recorrido por la cresta de la notalgia me gustaría terminar agradeciendo a todos los colaboradores su trabajo mensual (sin ellos no habría revista) y su grata disposición para cuanto desde esta dirección se les sugiere. Seguiremos en este empeño, navegando con el viento fotográfico a favor.

Y por supuesto, no puedo olvidarme de nuestros fieles lectores, que en estos últimos números rondan los 15.000. Si pensamos que Moldeando la luz tiene poco más de 1.300 miembros, la diferencia hasta 15.000 quiero creer que se ha conseguido a base de interés para quienes nos visitan. Esperemos que este interés no decaiga en el futuro; un futuro que habremos de labrarnos no sin esfuerzo, pero sin abandonar nunca un rumbo en el que confiamos y un ritmo en el que nos sentimos cómodos.

Francisco Trinidad

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Luz y Tinta Nº 103. Julio de 2020

PRESENTACIÓN

Vacaciones

Cuando termine de cerrar este número 103 de Luz y TinTa, me tomaré unos días de vacaciones, si por tal entendemos que voy a hacer cosas diferentes a las que hago habitualmente; en esta ocasión, un breve viaje acompañado de mis nietos, dos o tres semanas fuera de la rutina, y eso que mi vida no es en absoluto rutinaria. Al contrario. A pesar de algunos compromisos a fecha fija a que me fuerza el estar frente al timón de esta revista, mi vida es un continuo vaivén, saltando siempre de un tema a otro, de un libro a otro.

Por eso, en este próximo tiempo fuera de mi casa, de mis libros y del abrigo soli- dario de lo cotidiano, procuraré vivir respetuosamente al margen de la pandemia del Covid-19 y de sus muchas amenazas a cuenta de tantos inconscientes que se han creído que el infierno son los otros cuando lo llevan pegado a su piel; y procuraré, sobre todo, olvidarme temporalmente de los despropósitos de algunos políticos empeñados en amargarnos el desayuno de todas las mañanas con sus salidas de tono, con sus descabalados cálculos electorales y con su desfachatez sin alivio, cántese en castellano, en vasco, en gallego o en el catalán del karaoke del conspicuo Jordi Pujol. Con esta inocente terapia no conseguiré mejorar ninguna de las perspectivas a que la actualidad me fuerza, pero igual me sirve para hacerme a la idea de que las elecciones autonómi- cas en litigio no me afectan de momento, pero especialmente de que el mundo sigue; y de que su fuerza gravitatoria nos envuelve a todos, aunque a veces seamos capaces de sumergirnos en una burbuja, llámese ‘vacaciones’ o quizás simplemente inconsciencia, que nos lleva a pensar que estamos en una encrucijada del camino distinta.

Sea como fuere, volveré en septiembre, volveremos en septiembre, marcando una muesca más en el cómputo anual de esta revista que tantas satisfacciones nos da. Luz y tinta. Luz para alumbrar el camino y tinta para ilustrar el mapa de nuestros pasos en la historia. El camino está claro, de momento: seguiremos publicando fotos y textos que nos reconcilien con nuestra vida cotidana, tan distinta en una parte y otra de los distintos continentes en que nos movemos; y la tinta, en forma sobre todo de ideas, no ha de faltarnos mientras el mundo sea a la vez motivo de análisis y espejo de nuestras propias obsesiones. Luz y Tinta. Vida e ideas.

Francisco Trinidad

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Luz y Tinta Nº 102 Junio de 2020

PRESENTACIÓN

 

Estamos ya, por utilizar el lenguaje ‘político’ de turno, en plena “desescalada”, es decir, en una progresiva incorporación a la vida normal, si por tal entendemos lo que teníamos antes de que estallara la pandemia que nos ha mantenido, y todavía nos mantiene, en guardia frente al Covid-19. En muy poco tiempo, parece, volveremos a recuperar aquella vida normal, insisto en la cursiva porque ya nada será́ como antes. Qué vaya a cambiar y cómo vaya a cambiar todavía no lo sabemos: el tiempo nos irá marcando pautas y nos irá poniendo en la encrucijada que en cada momento nos corresponda.

 

Claro que, en la euforia que estamos viviendo estos días, conviene echar la vista atrás y reflexionar al menos sobre dos aspectos.

 

En primer lugar, la actitud de algunos políticos de los que integran nuestro arco parlamentario que, durante todo este proceso de crisis sanitaria, se han dedicado a criticar al gobierno sin plantear alternativas y propiciando un clima bronco de desencuentro total con la mirada puesta en el desgaste del contrario que les asegure réditos electorales de dudoso encaje. La bronca por la bronca, la pataleta por la pataleta, la crítica desaforada como sistema. Mientras tanto la gente sigue muriéndose en los hospitales , en sus casas, en las residencias de ancianos. Pero a algunos de esos políticos nuestros —me cuesta escribir lo de ‘nuestros’, pero no me queda más remedio: al cabo, están ahí́ por nuestros votos, aunque ellos lo hayan olvidado— el mundo de la calle dejó de importarles hace tiempo: ellos viven en altos áticos y cuando miran a su alrededor ven otros áticos y algunas azoteas, pero no las aceras. Por eso se ha dado la paradoja de que, en las sesiones parlamentarias durante este proceso de pandemia, lo que menos ha importado ha sido el aspecto sanitario de la cuestión y se han centrado en razones espurias, de encaje de bolillos electoral, sin preocuparse de lo que a la gente de a pie realmente nos importa, dedicándose a buscarle tres o cinco pies a las encuestas y titulares de prensa, echándose en cara cosas tan peregrinas como el pasado político de algunos familiares o los títulos nobiliarios que alguien haya heredado. Hasta han llegado a acusar de asesinato —¡válgame la Macarena! — a quienes tan solo se han ocupado, con mayor o menor acierto y con mayor o menor urgencia, de nuestra salud.

 

Lógicamente este vivir hacia dentro del Parlamento se refleja en la calle. Una vez que nos han abierto las puertas del confinamiento la preocupación general, la gran preocupación y parece el gran objetivo de los españoles son la apertura de los bares y el acceso a las playas. Por supuesto, la gran aspiración es el retorno del fútbol al que se idolatra como en su día se adoró el becerro de oro. Para nada preocupa el paro que esta situación ha generado sino el horario de los bares, cafeterías y restaurantes, su porcentaje de aforo, su horario y su mayor o menor flexibilidad ante los incumplimientos de las normas que para todo ello se establecen. Para nada preocupa el retorno a las aulas de escolares y universitarios que han perdido un trimestre sino la forma de acudir a las playas, tomando el sol por turnos o por parcelas, cita previa de por medio, y bañándose con criterios muy diferentes a cuanto hasta ahora ha sido norma. Para nada preocupa la cuestión sanitaria, la evolución de la pandemia y las preocupaciones que hay que seguir tomando para evitar un posible retroceso, ocupados como estamos en dilucidar cuándo volverían los partidos de fútbol a ocupar la parrilla de la programación televisiva, con los estadios llenos a rebosar y los gritos de ánimo a nuestro equipo o de rechazo al contrario llenando de ruido los barrios aledaños a esos estadios de fútbol, cajas registradoras que enriquecen a quienes las controlan.

 

Pero llegará el día, vive Dios, en que caigamos de la burra y nos demos de bruces con nuestra propia realidad y las playas serán playas, los bares serán bares y el fútbol, una actividad lucrativa, que no deporte; y todo ello, una metáfora de nuestro actual desconcierto.

Francisco Trinidad

 

 

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Luz y Tinta Nº 100

Por fin, hemos llegado al número 100, este número mágico en el que confluyen las aspiraciones de los números anteriores, de todos los números precedentes. Desde el número 0 no hemos dejado de crecer. Iba a escribir ‘mejorar’, pero no me corresponde a mí enjui- ciar la trayectoria de calidad que hemos venido siguiendo desde aquel lejano día. Han sido muchos los meses ocupados en confeccionar esta revista que tantas satisfacciones nos viene dando. Para ello, solo hemos seguido una norma: hacer aquello que nos gusta y hacerlo como pensamos que puede gustar a nuestros lectores que, por cierto, han ido creciendo mes a mes hasta llegar a las cifras actuales, realmente motivadoras: en el momento en que escribo, el número 99 está a punto de alcanzar las 17.000 visitas, una cantidad realmente notable que, no es por sacar pecho innecesariamente, muchas publicaciones seguramente envidiarán.

El crecimiento ha sido innegable y satisfactorio; por eso, como motivo de este número, hemos elegido el ala delta, como símbolo de nuestro afán por volar y volar, ascender poco a poco y seguir persiguiendo metas que en este momento sería incapaz de considerar. De momento, es preciso asimilar lo hasta ahora realizado, procurando no sucumbir al éxito: no todo está conseguido, aunque la euforia de esta celebración pudiera hacernos pensar lo contrario. Por eso hemos llevado a la portado esa bombilla, icono que se ha utilizado desde siempre para identificar la generación de las ideas.

Y ese es el deseo que quisiera expresar en este número 100: que no nos abandonen las ideas, ni por supuesto la colaboración de nuestros impagables colaboradores, capaces de rellenar este mágico número 100 con aportaciones literarias y fotográficas que nos han llevado a un ejemplar de casi 700 páginas, símbolo de la vitalidad de nuestra revista Luz y Tinta. Casi 700 páginas, efectivamente, de modo que su visión y su lectura puede colaborar a rellenar este tiempo extra que nos han regalado con el confinamiento a que nos somete ese invisible pero todopoderoso virus, Covid-19, por mal nombre coronavirus.

Porque mientras nosotros, imitando el título de Juan Marsé, estamos encerrados con nuestro juguete, este número 100, fuera ruge la marabunta de ese coronavirus del que tanto habrá que hablar.

Entre las cosas más sensatas que he podido leer sobre esta reclusión a que nos obliga esta pandemia, destaco lo que decía el microbiólogo español, Julio Martínez Aniceto: “Se salvan más vidas evitando que haya enfermos que tratándolos”. Esto que puede parecer una perogrullada es en cambio una máxima que debe guiar nuestras reflexiones. Evitar antes que tratar, lógicamente, una enfermedad que nadie vio venir, que nadie en su sano juicio puede decir que estuviera a la vista hasta que nos golpeó de lleno; y ello, su imprevisión y la sorpresa de su ataque, así como la dureza de sus efectos imprevisibles hace meses, a pesar de esa legión de inconscientes que, en lugar de centrarse en buscar escenarios para aportar ideas centradas en combatir la enfermedad, aprovechan la situación para arrimar el ascua a su sardina, instalados en una pugna política que tiene mucho de rapiña electoral y muy poco de lealtad institucional.

Nosotros, mientras tanto, aquí seguimos, trabajando con luz y con tinta, con fotogra- fías y con textos, celebrando nuestras cien ediciones —y alguna más que algún día habrá que recontar, para recordar los especiales—, lamentando que las otras actividades que teníamos previstas se hayan tenido que quedar en la nevera y deseando a nuestros colaboradores y lectores que el coronavirus sean solo un tropezón en nuestra andadura por una vida que todos deseamos larga y provechosa. Y por cierto, acompañada por nuestra revista, Luz y Tinta, cuyas más de 600 páginas en esta edición pueden contribuir a hacer más llevadero el tiempo inevitable, y esperemos que eficaz, confinamiento.

Francisco Trinidad

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Luz y Tinta nº99

 

8 de Marzo

Cuando acababa de salir el número anterior de LUZ Y TINTA, me escribió Claudio Serrano, desde Madrid, preguntándome si pensaba hacer algo especial en este número 99 cuya fecha de salida está próxima al día 8 de marzo, en el que se celebra el Día Internacional de la Mujer. Serrano, lógicamente, me decía que en el caso de hacer algunas páginas especiales a él le gustaría escribir sobre las mujeres de Nadima.

La verdad, no estaría mal lo de mi amigo Claudio; y no estaría mal ese número especial en que se dé voz y foto a las muchas y buenas fotógrafas que integran Moldeando la luz. Lo pensé algunos días y, aun viéndole posibilidades, acabé desechando la idea, más que nada porque últimamente ando liado en otros proyectos que me absorben y dedicarle más tiempo a LUZ Y TINTA me resulta casi imposible.

Aun así, le agradecí a Claudio Serrano su idea y desde aquí reitero mi agradecimiento y me la apunté en esa agenda de proyectos pendientes que crece día a día, pero que servirá en el futuro para orientar mi trabajo.

Nunca está de más agradecer a la mujer, a todas las mujeres, su pre- sencia y su trabajo en nuestras vidas; y nunca está de más, por supuesto, reconocer su lucha en pos de la igualdad y, en la medida de lo posible, apoyarla. Y más en un día como hoy que las propias mujeres han elegido como motor y fecha clave de sus muchas reivindicaciones pendientes.

Sin embargo, miro el sumario de este número y, aunque no se ha perseguido un homenaje ni siquiera un reconocimiento, el equilibrio es bastante ajustado. El cuento de Gloria Soriano tiene su correlato en el Repertorio de Fotógrafos Españoles, donde ex aequo hablamos de Pilar Albajar y Antonio Altarriba que nos muestran una pequeña parte de su labor creativa como fotógrafos. Lógicamente, como en números anteriores contamos con la colaboración de Nadima (Shibina Nadegda), que en su serie nos retrata a dos mujeres, una madre y una hija; y a Irina Dzhul que nos recrea un bosque umbrío con una ninfa que le da a los árboles dimensión humana. Ricardo “Completu” nos trae uno de sus reportajes con una terrorífica barbera de protagonista y, lógicamente, entre las fotos destacadas hay tanto de hombre como de mujer, fotos elegidas por sus cualidades y no por el sexo de su autor ni de los personajes retratados.

En fin, que sin haber pretendido un número especial entiendo que las mujeres están bien representadas en nuestra revista, como lo han estado en números pasados y como estarán en los venideros. Lo que no excluye que en su día, aunque no sea 8 de marzo, dediquemos un número o unas páginas especiales a estas mujeres que nos han acompañado desde siempre y que le dan a la fotografía de Moldeando el carácter que realmente tienen.

Como escribo precisamente el día 8 de marzo, no me queda más que felicitar a todas las mujeres en este día que en algún momento se conseguirá que sea únicamente de celebración y no de vindicación.

 

Francisco Trinidad

Notas.

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Nota:

El video que acompaña al Descenso del Galiana, tiene una duración de cuatro horas, ya que está grabado todo el descendo, puedes moverlo a tu antojo, entre otras cosas los primeros 25 minutos no tienen ningún interés.

 
 
  
 
 
 
 
 
 
 


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Luz y Tinta nº 98

Presentación

Vértigo

Algo tienen los números redondos, algún tipo de magia encierran, porque, cuando se celebra algo especial se busca siempre un número de esos que llamamos redondos: 10, 100, 1.000... Recuerdo con cierta ironía cómo al aproximarse el año 2.000 se pusieron en cuarentena todas las alarmas y los gurús de turno nos cantaron —con canto de sirena enamorada— todas las posibilidades del fin del mundo, o de cierta parte del mundo: sin ir más lejos, iban a dejar de funcionar todos los ordenadores si no les cambiábamos un algoritmo o una rabia de esas que podían imposibilitar el cambio de siglo. También recuerdo haber leído, aunque esta sea otra historia, los muchos temores que desencadenó el milenio o, sea, la llegada del año 1.000, con los monjes de todos los monasterios y cenobios rezando para que no descarrilara el mundo. Nada pasó en el 1.000 y nada pasó en el 2.000, como no pasará nada en el 3.000 si el mundo aguanta hasta entonces, que aguantará.

 

Y todo ello, creo yo, por la magia o el misterio que encierran los números redondos y que desde Luz y TinTa llevamos tiempo viviendo en carne propia. A pasos cada vez más firmes se nos acerca el número 100, todo un reto que jamás hubiéramos soñado en los orígenes. Pero el tiempo pasa y hemos sido capaces de aguantar hasta aquí, número 98 ni más ni menos. Dentro de dos números habremos de enfrentarnos a ese número especial. Y no sin cierta sensación de vértigo.

Es cierto que cada número, sea este 98 o en su día el 12, el 37, el 65 o cualquier otro, encierra un reto, a modo de escalón de esta escalera sin final que es nuestra revista. Cada día tiene su afán, dijo el clásico, y cada número tiene su intríngulis, diremos para ponernos cursis, si se nos permite. Y tanto esfuerzo —y tanta satisfacción al verlo terminado— encierra un número como otro. Incluído el 100, claro.

Aunque al ser un número redondo, un número de esos tocado de una magia especial, sirve también para la reflexión. Para decir alto y claro: “hasta aquí hemos llegado”; y no dejaremos por ello de mirarnos en el espejo de los días y de afirmar que hemos llegado por nuestros propios méritos, sin ayudas ajenas, sin subvenciones ni dineros ajenos, sin premios, sin más reconocimiento que el de nuestros lectores, fieles mes a mes, fieles a una forma de hacer y de entender que nos enorgullece compartir.

100 números de Luz y Tinta. Casi nada. O casi todo. 100. Esta misma semana, hablando con un fotógrafo de élite internacional al que entrevistaremos en un próximo número, al recordarle que estamos ya en el número 98, me dijo: “Sois unos héroes”. No es que seamos héroes ni que tengamos un poder especial, se trata sencillamente de que tenemos un número de lectores de una especial fidelidad; lectores que nos acompañan desde el número 0, que nos hacen llegar sus sensaciones a través del post de Moldeando la luz y que con su fidelidad y sus opiniones nos dan el suficiente impuso como para proseguir en la tarea.

Por eso, la próxima llegada del número 100 nos da sensación de vértigo, aunque lo que ahora realmente preocupa no es este número redondo sino los que vendrán después. Porque la responsabilidad y el compromiso habrán de ser más altos, efectivamente, y con ellos nuestro nivel de exigencia para que se mantenga el listón bien alto y, siempre que sea posible, para poder subirlo. Aunque sea poco a poco.

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Luz y Tinta nº 97

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PRESENTACIÓN

Suma y sigue

Después de unos días de nervios y de tensión personal porque este número me desbordaba y porque se confabularon en mi contra todas las iras del azar y hasta me alcanzaron algunas esquirlas de la explosión final de ese big bang en que se ha convertido la política española de los últimos tiempos, escribo finalmente esta presentación el día 13 —no soy supersticioso, pero nunca se sabe— cuando han prometido sus cargos los nuevos ministros del gobierno de España presidido por Pedro Sánchez, mientras unos sonríen esperanzados y otros rechinan los dientes ame- nazando con el Apocalipsis en una mano y con la letra del Cara al sol en la otra.

A pesar de la mala hostia —permítaseme el obligado desgarro— de Pablo Casado, perdedor convencido de su cruel destino; a pesar del San- tiago y cierra España del señor Abascal, de quien Dios nos guarde; a pesar de la huida hacia adelante del grupo de Ciudadanos, perdido en la inocencia fundacional del nuevo Mesías que no era finalmente Albert Rivera. A pesar, en fin, de la sonrisa trufada de insomnio de los nuevos ministros y de sus cargos inferiores, por no hablar de otros obligados comparsas, la vida sigue indiferente muchas veces a los cantos de sirena del destino político.

Y aquí es donde nos encontramos. La vida sigue. Y Luz y Tinta sigue. Y sigue con un ímpetu que a todas luces parece imparable. Las páginas que componen este ejemplar son un claro ejemplo. Para no superar las 300 páginas, en este número, que se nutre de quimeras y de sueños como todos los proyectos literarios, hemos tenido que prescindir de algunos trabajos que es posible echen de menos algunos de nuestros siempre atentos lectores.

En primer lugar, mi cuento mensual, que se ha quedado en la nevera, esperando al próximo número, para que mi firma no sea omnipresente y para que las páginas de este número 97 no se nos disparen más allá de lo que ya lo han hecho.

Pero faltan además otros trabajos que, por su falta de compromiso con el calendario más inmediato, pueden esperar sin ningún desgaste temporal al número 98: el artículo sobre Cuba de José María Ruilópez, el siempre interesante e instructivo “viaje” de Juan Depunto, el corres- pondiente al Repertorio de Fotógrafos españoles y la pregunta mensual —Todo lo que querías preguntar y...— que todos los meses nos pone en contacto con los secretos de la fotografía.

El próximo mes tendremos estas colaboraciones, completando el nú- mero correspondiente y marcando el calendario que, día a día, e inexo- rablemente, nos lleva hasta el número 100, esa apuesta en la que Luz y Tinta diseñará su ilusionante futuro.

Francisco Trinidad

 

 

 

Fe de erratas/

Página 3 Nuestra foto de portada donde dice  Jesús Rodríguez, debería decir Jesús Álvarez Rodriguez.

Pagina 7 donde dice “ Tubo mucho que ver mi amigo…” debería decir “Tuvo mucho que ver mi amigo…”

 

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ESPECIAL COLOR ROJO

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De siempre, el color rojo ha sido el símbolo de la sangre, de la pasión, del fuego. A poco que uno se pierda y no lo aconsejo en páginas de internet que hablen de la simbología del color rojo acabará encontrando otras variaciones sobre este mismo tema que siempre llevan a lo mismo: la fuerza que transmite este color. Fuerza que se hace evidente .en el caso que nos ocupa, la Semana Temática del color ROJO en Moldeando la luz; una semana de una altísima participación y de una fortísima calidad. Indiscutible calidad e indiscutibles también los múltiples puntos de vista con que se ha abordado la propuesta de los administradores: rojo. Y aquí la creatividad se ha desbordado como suele ser habitual en cuantas propuestas de este tipo se ponen sobre el tapete de la participación colectiva. El rojo ha sido aquella palanca que reclamaba el sabio para mover el mundo y ha sido, sobre todo, el motor de múltiples propuestas que permítaseme el desplante cursi enrojecen nuestro mundo circundante: cuando uno acaba de darle un somero repaso a todas las fotos presentadas se deja embargar por la idea de que el mundo está teñido de rojo, de que los moldeadores participantes en este evento han sido capaces de trasladar su punto de vista a la entraña misma de la creatividad. En las páginas que siguen se recogen las fotos participantes en el evento. Sin más aditamento que el nombre del autor de cada toma al que preceden uno o dos dígitos que son las menciones que la foto ha recibido como Favorita. Las fotos que no llevan ningún número son aquellas que no recibieron en su día ninguna de estas menciones sin que ello sea demérito alguno, del mismo modo que el haber recibido más o menos menciones no significa ningún tipo de ranking, sino una expresión más de la subjetividad que distingue al mundo fotográfico y a nuestra red social, por supuesto. S volviéramos a colocar las fotos en otra semana de votación los resultados serían quizás muy otros, pues la calidad de todas las fotografías es indiscutible, lo único que las distin gue es el punto de vista de quien las ve y las analiza. Sujeto y momento han llegado a este resultado que hoy conforma nuestra publicación. La portada de este número especial de Luz y Tinta la ocupa una foto de Guendy, especialmente realizada para esta edición. Rojo y Navidad, como tema central, lógicamente, pues en estas fechas andamos, y más hoy, 28 de diciembre, día en que los españoles solemos gastar bromas más o menos ‘inocentes’. Guendy ha querido reflejar metafóricamente a Camarito saliendo de la revista Luz y Tinta en manos de la modelo Aliss Blond, que tantas páginas ocupara en nuestro número 96 y que hoy nos sirve para desear a nuestros lectores unas felices fiestas y un próspero año 2020.

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Luz y Tinta 96

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PRESENTACIÓN

Balada del carbón y el clima

 

Se celebra estos días en Madrid la cumbre mundial del Clima, que nos invita a reflexionar sobre las posibilidades de supervivencia de nues- tro planeta si seguimos tratándolo y maltratándolo como hasta ahora. Con el insólito protagonismo de una adolescente sueca de 17 años, Gre- ta Thunberg, los políticos y los expertos reunidos en Madrid intentan trazar las líneas maestras de por dónde debe caminar nuestro futuro ambiental para que la agonía que estamos viviendo no se traduzca en muerte a corto plazo.

 

Por otra parte, días atrás, en torno al 4 de diciembre, los mineros asturianos y los de otras partes de España han celebrado la festividad de Santa Bárbara, esa santa de la que solo nos acordamos cuando truena. Aprovechando esta celebración se recuerda a los fallecidos en acciden- tes mineros y se declina la nostalgia en todos sus casos. Son muchos los que a día de hoy deploran la desaparición de las minas de carbón y aprovechan cualquier resquicio del calendario para entonar su réquiem y elevar sus brazos al cielo, clamando contra quienes perpetraron lo que ellos creen tal arbitrariedad, pues se resisten a creer que pueda existir un mundo mejor más allá del carbón. No se añoran, lógicamente, las du- ras condiciones del trabajo en la mina, los accidentes que con el trabajo en tales condiciones se generan, la degradación ambiental de las comar- cas mineras y tantos otros inconvenientes que acarrea la extracción del carbón. Se añora el grado de prosperidad perdido y el trozo de pastel de la riqueza que el carbón ha dejado de aportar.

Unir ambos recuerdos ahora, cumbre del Clima y final de la minería, puede parecer una ocurrencia y sin embargo se me antoja de los más oportuno. El carbón fue nuestro principal nexo de unión con la revolución industrial, que tiene como símbolo máximo la máquina de vapor, movida por carbón lógicamente, y el motor de la economía asturiana durante décadas. Todo ello con el impacto ambiental consabido y con su influencia en lo que hoy llamamos cambio climático y cuya evolución tan sujeta está a la predominancia de los combustibles fósiles.

El problema de fondo es que, llegado el fin de ciclo del carbón, no se han buscado alternativas al carbón y que las ayudas que han llegado en forma de ‘fondos mineros’ o de subvenciones a empresas alternativas al carbón no han sido en realidad soluciones sino caramelos envenenados en ocasiones y en otras, fracasos empresariales presagiables, de modo que al declive de las comarcas mineras se ha unido esa sensación de fracaso y de escepticismo que acompaña también a cuantas cumbres como la que se ha celebrado en Madrid hemos tenido hasta ahora, con aquel Protocolo de Kioto como mascarón de proa y como esta de Madrid, que ya algunos expertos califican como insatisfactoria cuando no como un brindis al sol.

Parece, pues, que de la cumbre de Madrid va a quedar una fecha en el calendario, algunos propósitos expresados con la boca pequeña y el recuerdo de esa niña sueca que han convertido en símbolo de una lucha por los titulares y por los links en redes sociales de efímero com- promiso. Al igual que del carbón queda la nostalgia de algunos viejos mineros, la frustración de un par de generaciones que habíamos creído en la posibilidad de un cambio de rumbo y sobre todo una hasta ahora desaprovechada arqueología industrial de viejo cuño. Y por supuesto, la fiesta de Santa Bárbara, con su gastado oropel.

Francisco Trinidad

 
 

 

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Luz y Tinta nº 95

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PRESENTACIÓN

 

La foto que hemos elegido para la portada de este número 95 —me gusta recordar y de paso me pone nervioso la proximidad del número 100— no puede ser más representativa del tiempo en que estamos. Otoño. Antes se anunciaba un ‘otoño caliente’ cuando se preveía que iba a ser un otoño laboralmente conflictivo en el que habrían de afrontarse todas las cuestiones que se habían esquinado durante el verano. Este otoño viene bien caliente en lo político y bien frío en el aspecto meteorológico.

 

La política española lleva meses revuelta, inmersa en un otoño par- ticularmente inhóspito en el que han ido cayendo las hojas, irremisi- blemente, aunque en este caso son las hojas del calendario, marcando tiempos y apurando plazos, hasta llegar a una situación límite que se pretendió superar con la convocatoria de unas nuevas elecciones genera- les que lo que ha conseguido ha sido enrarecer un tanto más el panorama político y aupar a la extrema derecha a la grupa de un caballo que se pretende ganador. En el momento en que escribo estas líneas parece ser que hay una base de acuerdo para la conformación de un gobierno progresista, pero las hojas del calendario siguen cayendo y nadie ignora que, de no alcanzarse dicho compromiso, la amenaza de la ultraderecha pasará de ser un desafío más o menos desestabilizante a convertirse en una maldición. Y a nadie se le escapa que detrás del otoño viene el invierno y que a la caída de la hoja sucede inevitablemente un tiempo de vientos, de aguaceros y de nieves que en lo político pueden dar al traste con fundadas y necesarias expectativas de progreso.

 

Y ya que menciono metafóricamente nieves y temporales no está de más recordar que desde el pasado mes de septiembre la meteorología española, solidaria de la deriva política tal vez, se encuentra de lleno en una situación de inestabilidad que, desde aquella ‘gota fría’ de septiem- bre hasta ahora, no ha dado tregua, recorriendo la península de norte a sur y provocando daños materiales y situaciones de riesgo personales que han llenado de malestar nuestras páginas de sucesos.

 

En esta situación, hablar de Moldeando la Luz y de Luz y Tinta, que vienen a ser un remanso de paz en todos los sentidos, puede parecer una frivolidad y sin embargo es obligado. Moldeando la luz sigue su marcha tranquila, pero imparable —en el momento en que escribo cuenta con 1275 miembros, unos más activos que otros— desde la readaptación y migración dentro de la plataforma Ning. Luz y Tinta, por su parte, y a la vista está con solo hojear este número, goza de buena salud.

 

 

En este número hemos recuperado la colaboración sobre Cuba de José Ma Ruilópez que por razones que no vienen a cuento habíamos inte- rrumpido los últimos meses; y hemos incorporado una voz nueva, la del escritor asturiano Laudelino Vázquez, que a partir de ahora nos enviará sus cuentos, en los que es un auténtico superdotado, sin menoscabo de que en otras ocasiones baje a la arena fotográfica y nos comente fotos o series con su peculiar estilo.

 

haciendo notar. Pero las circunstancias perso- nales mandan y más cuando quienes editamos estas páginas contamos con tan pocos recursos personales. No pediremos, pues, perdón, sino paciencia, como en circunstancias anteriores. Eso sí, para compensar este retraso el próximo número lo sacaremos en la fecha prevista, 10 de diciembre. Como debe ser y como es habitual.

FRANCISCO TRINIDAD

 

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Luz y Tinta nº94

 


Hay veces en que no queda más remedio que acudir al vértigo, siquiera como metáfora, para definir la situación de inestabilidad en que uno se encuentra. Inestabilidad que a veces no es tanto por desequilibrio personal cuanto por la inercia que provocan los sucesos exteriores. Uno de los elementos exteriores que más contribuyen a crear la sensación de vértigo es el paso inclemente del tiempo que, si se me permite la imagen, caminan a lomos de veloces caballos. Basta echar la vista atrás para darse cuenta de ello: casi sin darnos cuenta llevamos nueve años editando esta revista y, sin darnos cuenta, repito, o muy conscientes de ello, hemos venido introduciendo cambios, pretendiendo abarcar cada vez más nuestro espacio y pretendiendo sobre todo suplir carencias con imaginación y con el trabajo necesario para que se materialice. Si comparamos aquellos primeros números de Luz y Tinta, en los que no íbamos más allá de las 36 páginas, con estos últimos, en los que se rondan las doscientas, cualquiera puede darse cuenta de la sensación de vértigo que a uno le invade. Y no sin razón, porque desde la sala de máquinas, como recordaba en el número anterior, se nos pide “más madera”. Otro elemento que contribuye a mantener esta sensación es el paso inclemente de los días, los meses, las estaciones. Hace un mes escribía esta misma presentación desde el borde del Mar Menor, en Murcia, donde disfrutaba de unos días tranquilos hasta que se nos atravesó una “gota fría” tremenda en sus consecuencias para los vecinos de la zona que sembró de desasosiego a cuantos la vivimos en directo y a cuantos solo la vieron a través de las imágenes intranquilizadoras que transmitía la televisión. Mira uno hacia atrás y, cabalgando el vértigo de los días, la sensación de que todo es relativo crece: aún no hace un mes de aquellos días de lluvia y barro y sin embargo parece que se ha cerrado un larguísimo ciclo en el que hemos escuchado todos los comentarios y advertencias sobre el cambio climático que lógicamente habrá de acompañarnos en los meses y en los años venideros. Como habrá de acompañarnos, si Dios no lo remedia —y escribo consciente de mi agnosticismo irredento—, el viejo cantar de la insatisfacción política. La democracia tiene sus normas y una de ellas es que hay que dejar expresarse al pueblo a través de las urnas y esta expresión es la que debe regir el destino político y social de las comunidades. Claro que la convocatoria a las urnas no debe ser excusa para ocultar carencias o para enmascarar incapacidades. La convocatoria a las urnas debe marcar a los políticos el rumbo a seguir. Pero cuando éstos son incapaces de seguir el marcado por la brújula política o la rosa de los vientos de las elecciones entonces sí, y definitivamente, la ciudadanía se ve envuelta en una sensación que va más allá de la inestabilidad o la perplejidad y conduce directamente a la irritación y el enojo, cuando no al cabreo más inmediato. Que en cuatro años hayamos tenido cuatro elecciones generales y no se vea el desenlace de una madeja que solo los políticos con su lucha de egos han propiciado habla más de incapacidad política que de vértigo, aunque sea esta sensación la que nos domina sin alivio. Por eso cuando el 10 de noviembre pongamos en el kiosko virtual un nuevo número de Luz y Tinta, si Dios no lo remedia —repito, y ya no nos quedan más clavos ardiendo a los que agarrarnos—, estaremos inmersos en una jornada electoral a la que cabe pedir esencialmente que los políticos electos sean capaces de leer entre líneas y de anteponer los intereses ciudadanos al viento personal que a veces les lleva a mirarse el ombligo, cuando la solución está en un horizonte al que debieran mirar antes de variar el rumbo.

Francisco Trinidad

 

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Sin salirse de la revista se pueden ver los videos de: Lászlo Balassa, Li Wei y El desembarco de Normandía.

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Luz y Tinta nº 93

 

Presentación

 

Más madera

 

No es difícil recordar, ante cada nuevo reto, aquella por otra parte inefable escena de Groucho Marx en “Los hermanos Marx en el Oeste” alimentando la caldera de la locomotora y gritando “Más madera, es la guerra”. Más madera, efectivamente, aunque nosotros solo participemos en la guerra contra los lugares comunes; más madera, nos decimos a cada nuevo número de Luz y TinTa. A veces aportando nuevas ideas y nuevos retos; a veces sembrando iniciativas para números más adelante recoger frutos que poco a poco van enriqueciendo nuestra publicación, cada día más sólida en su apuesta por la calidad; calidad fotográfica y calidad literaria, que tanto monta, diríamos abonándonos al tópico, aunque huyamos de ellos como de la peste.

 

En este número incluimos una de estas apuestas y el futuro nos dirá el recorrido que le espera. Ya desde el principio nuestros lectores habrán advertido que la portada cambia con respecto de otros número. No se trata, como suele ser habitual, de una foto significativa, previamente publicada en Moldeando la luz. En este caso ocupa nuestra portada el rostro del cineasta Julio de la Fuente al que se entrevista en las páginas interiores. Y esta es nuestra apuesta de este número y nuestra propuesta para los siguientes: a partir de ahora, sin que nos marquemos una con- tinuidad número a número, sino que será el azar quien nos marque su propio destino, incluiremos entrevistas significativas y no siempre ni por obligación relacionadas con el mundo de la fotografía.

 

En otro orden de cosas, en los comentarios del número anterior, el 92, se nos ha pedido en más de una ocasión que incluyamos más “tinta” en cada número de Luz y TinTa; y se nos indica que el nivel fotográfico alcanzado es satisfactorio y que sería deseable un mayor número de colaboraciones literarias para equilibrar lo que desde el título parece proponerse a partes iguales. Posiblemente quienes lo proponen tengan algo de razón, pero desde la dirección de la revista me gustaría dejar dos reflexiones: el equilibrio entre la luz y la tinta está más logrado de lo que aparenta y de lo que quienes piden “más madera” literaria suponen. Un simple vistazo al sumario de este mismo número nos devuelve la imagen cabal de este equilibrio. No debemos olvidar que secciones como la de Nadima y Claudio Serrano aprovechan ese encuentro luminoso entre fotografía y literatura o que otras propuestas, como la del Repertorio de Fotógrafos españoles inciden en la misma visión, por no decir nada sobre las apuestas que pudiéramos considerar como exclusivamente literarias, como la de Gloria Soriano que siempre acompaña su texto de excelentes fotos.

 

Aún así, la dirección de la revista trabajará en números posteriores por incorporar más colaboradores literarios, dentro de la dificultad que supone convencer a los amigos para que aporten lo mejor de su arte de forma gratuita cuando es necesario comer todos los días y algunos más de una vez.

 

Francisco Trinidad

 

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A partir de ahora desde la propia revista se pueden ver videos que tengan relación con lo que se cuenta en sus página. Se inicia esta nueva función como no podía ser de otra forma a través de la entrevista al director de cine asturiano, Julio de la Fuente. En la página 15 de este número pinchando sobre las fotos del director impresas sobre una pelicula, se puede ver el trailer de la pelicula El último invierno.

 Y ahora también puedes verla desde aquí

NOTA NECROLÓGICA

Una vez cerrada la revista de este mes, la moldeadora IIona, nos trasmitió la triste noticia del fallecimiento de su compatriota el fotógrafo húngaro, László Balassa.

En Febrero de 2017 se publicó en Luz y Tinta una entrevista y la presentación de László,como fotógrafo.  Este controvertido fotógrafo premiado por sus fotografía social, miembro de la Federación de Fotógrafos Húngaros , de la  Keystone Press Agency y de National Geographic, nos deja a la edad de 42 años. En el próximo número recordaremos algunas de sus palabras y obras.

Descanse en Paz.

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Luz y Tinta nº 92

 



3381583569?profile=RESIZE_710xPRESENTACIÓN

Este número 92 llega a nuestro kiosco virtual con un retraso de esos que consumen los nervios del más templado. Confieso que hace días que no miro el calendario para que no se me pudra la sangre, que lleva varias semanas hirviendo en el mar rojo de la impaciencia. Pero, en fin, todo pasa y todo queda, como dijo el poeta, y hoy podemos salir de nuevo a la palestra, aposentar los ímpetus y comenzar a pensar en el próximo número, pues ya se sabe que la noria no para.

 

Los miembros de Moldeando la luz saben la razón de este retraso, que se anunció en su día y que no es otra que el proceso de migración de nuestra red social dentro de la plataforma Ning. Proceso lento, tedioso y, sobre todo, laborioso que ha consumido más tiempo del inicialmente previsto y que, aunque ha conseguido sus objetivos de manera brillante, nos ha sometido a todos a una cura de humildad y paciencia. A partir de ahora, tanto Moldeando como LuZ y tinta seguirán los caminos habituales y se cumplirán los plazos en la medida de nuestras fuerzas y del inevitable corsé del tiempo.

 

Al respecto de la migración dentro de la plataforma Ning, tengo que abrir un paréntesis y dejar algo muy claro. En algunos comentarios de la página, incluso en algunos correos privados, se nos ha agradecido a los administradores de Moldeando la luz el trabajo y el esfuerzo realizados. Pues bien, para que quede claro y para que a nadie nos pongan medallas que no merecemos, este trabajo y este esfuerzo lleva la firma exclusiva de José́ Luis Cuendia Palacios, “Guendy”. Durante veinte días con gran parte de sus noches “Guendy” se dedicó en exclusiva a ese proceso en soledad. Personalmente le transmití mi solidaridad y el ánimo que se puede derivar de entender y apoyar lo que estaba haciendo. Pero nada más. El mérito es suyo, exclusivamente suyo, con lo cual todos esos agradecimientos colectivos deben remitirse a quien realmente los merece, Guendy.

 

Aclarado esto, y para abreviar esta presentación, debo recordar que, aunque este número llega con retraso —en parte por la migración y en gran parte también por su contenido y su número de páginas, con dos especiales que redondean la marcha última de nuestra revista—, compensará la espera hasta el próximo, que llegará en el mes de septiembre, tras la pausa habitual de agosto, en que aprovecharemos para tomar aire, para repensar los próximos números y para vivir con inquietud la sensación de vértigo que se siente cuando vemos aparecer en el horizonte el número 100, número redondo por excelencia que habrá que celebrar en su día como Dios nos dé a entender, dentro de nuestras posibilidades y dentro de ese rincón de la imaginación que se despierta cada vez que debemos enfrentar un nuevo reto.

 

FRANCISCO TRINIDAD

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